Historia y Origen de las Orgonitas.

13 de diciembre de 2020

Entre los años 1930 y 1940 el Dr. Wilhelm Reich fue capaz de detectar la existencia de radiación azulada, la cual llamó orgón, utilizando un medidor de Geiger para medirla. El investigador y Dr. Wilhelm Reich se percató en sus experimentos que alternando diferentes capas de fibra de vidrio que es un material aislante y capas metálicas conductivas, se creaba un campo vital medible de considerables dimensiones. Comprobó que estos campos influían muy positivamente en la salud física y sicológica de aquellas personas que entraban en ellos. En 1986 científicos de la Universidad de Marburg en Alemania publicaron resultados sobre un estudio ciego en el que se demostró que los tratamientos con orgon durante tan solo 30 minutos tenían un impacto positivo en la salud humana.

W. Reich construyó su laboratorio e hizo estudios sobre esta fuente de energía vital. Fabricó sus acumuladores de orgón donde realizaba tratamientos a sus pacientes. Amplió sus estudios, aplicando la creación de campos de orgon a zonas afectadas por una gran contaminación electromagnética como son las centrales nucleares, y hoy las estaciones de telefonía, torres de alta tensión, etc.

Reich pudo comprobar con ello que estos campos de orgón eran capaces de transformar la energía negativa (DOR), que despedían estos lugares, y reciclarlas en energía vital positiva saludable.

Ya en el año 2007, Don Croft y Carol contribuyeron a la fórmula original de los acumuladores de orgón, incorporando cristales de cuarzo, que por sus propiedades piezoeléctricas, dieron un gran salto en sus propiedades. Por esa genialidad es que los nuevos acumuladores de orgón cuentan con la posibilidad de una constante re polarización, por lo que las orgonitas no se saturan, ampliando su potencia y funcionando constantemente sin la necesidad de limpieza ni descarga del DOR acumulado como los antiguos acumuladores. Estos nuevos acumuladores se convirtieron en una autentica llave al campo de punto cero, donde la energía vital fluye inagotablemente liberando a los espacios de la polución electromagnética y devolviendo la vitalidad a las personas y seres que los habitan.

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